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domingo, 2 de agosto de 2020

NOTAS DE PANDEMIA

Soñé que estaba en un lugar atestado de gente. No era la cancha, era una calle, una shopping, un café como los de antes.

Eran todas esas voces, el barullo de los tenedores. Era una pizzería, tal vez el Güerrin. Era la felicidad que me causaban esas noches frenéticas de Buenos Aires convertidas ahora en confusos recuerdos que se van volviendo un mito dentro de mi cabeza.

Pero ese ruido, ese ruido me causó miedo. Me paralice aún dormida al escucharlo. 

Mucha gente hablando en un mismo lugar: que pesadilla. Saliva volando de un lugar a otro, bacterias metiéndose por mi piel, un pánico en el que jamás hubiera pensado imaginar, ni cuando a los 9 años compartía un chupetín con Morticia, el gato de mi vecina.

Me desperté exaltada, sudada y llena de miedo. Miedo por la vida que tuve antes: que inconscientemente ya entiendo a que se debían tantas gripes, anginas, noches abrazada al baño y repentinos vómitos.

Hola actualidad, hola mundo horrible sin abrazos, buenos chapes casuales o mates compartidos. 
No sé, no me animo a confirmarte a que no volveré a hacer todo lo que hacía antes; aún menos a que lo volveré a hacer.




martes, 23 de junio de 2015

Un fantasma llamado soledad

Él le advirtió que no era bueno para mantener los vínculos. Ella lo escuchó pero no le prestó atención.Nada se suponía que se saldría de su rutina. Nada se convertiría en otra cosa. Nada podía salir mal.

Sin querer se sumergieron en un caudal de pasiones intensas. Sin notarlo todo se aceleró y se perdió hasta la noción del tiempo. Ella intentó no perder la calma, se conocía. No podía dejarse caer, no quería lastimarse una vez más.

El miedo creció como creció lo que sentía. Nunca dijo lo que realmente pensaba, no se lo permitió. Tampoco contó la verdad de lo que le pasaba aunque las palabras entre ambos no faltaron nunca.

Ella tenía una historia oscura, dolorosa que de compartirla derrumbaría todo. Él, en cambio, se arriesgó a más. No dio explicaciones, nadie se los pidió, pero intentaba explicarlas aunque ella lo callaba. La costumbre se acomodó entre los dos como los sueños en voz baja y los planes en voz alta.

Un futuro que nadie planificaba pero que iba llegando solo, a velocidad de la luz. 
Todo se desvaneció. El día oscureció. La noche se volvió larga y silenciosa. En el pecho ella volvió a tener ese sentimiento extraño y amargo que ya conocía.

La soledad regresó a ocupar su lugar en la cama que, por un momento, le fue quitado. Se acomodó en el huequito tibio que él dejó. Un fantasma que no tenía cara pero que reflejaba en el aire una sonrisa malvada. Siempre estuvo ahí, acechando, sabiendo que no tenía que irse muy lejos.

Volvió para recordarle como dolía su presencia. Para enfriar sus sábanas y sus sentimientos, para seguir cosechando lo que ya había sembrando antes. 

Entre ellos dos no fue necesario decir "adiós", se interpretó.