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domingo, 2 de agosto de 2020

NOTAS DE PANDEMIA

Soñé que estaba en un lugar atestado de gente. No era la cancha, era una calle, una shopping, un café como los de antes.

Eran todas esas voces, el barullo de los tenedores. Era una pizzería, tal vez el Güerrin. Era la felicidad que me causaban esas noches frenéticas de Buenos Aires convertidas ahora en confusos recuerdos que se van volviendo un mito dentro de mi cabeza.

Pero ese ruido, ese ruido me causó miedo. Me paralice aún dormida al escucharlo. 

Mucha gente hablando en un mismo lugar: que pesadilla. Saliva volando de un lugar a otro, bacterias metiéndose por mi piel, un pánico en el que jamás hubiera pensado imaginar, ni cuando a los 9 años compartía un chupetín con Morticia, el gato de mi vecina.

Me desperté exaltada, sudada y llena de miedo. Miedo por la vida que tuve antes: que inconscientemente ya entiendo a que se debían tantas gripes, anginas, noches abrazada al baño y repentinos vómitos.

Hola actualidad, hola mundo horrible sin abrazos, buenos chapes casuales o mates compartidos. 
No sé, no me animo a confirmarte a que no volveré a hacer todo lo que hacía antes; aún menos a que lo volveré a hacer.




martes, 6 de octubre de 2015

Sin respuesta

"Quiero volver a hacerte el amor", decía el mensaje que recibió en su teléfono.
Sorprendida lo miró una y otra vez. No podía creer que él quisiese volver a estar con ella.

Un mes y doce días habían pasado desde que se dejaron de ver. Ella lo sabía porque tachada el almanaque como si fuera su peor condena. No podía ni quería sacarlo de su vida pero sabía que tenía que hacerlo.

Esa noche, cuando sonó el teléfono, habían cumplido el mismo tiempo separados que el que habían pasado juntos. No fueron muchos meses pero la conexión entre ambos fue inmediata, intensa, un chispazo que prendió rápido e incendió millones de hectáreas. Pero el fuego se extinguió de repente sin darles siquiera la posibilidad de tener esa famosa última charla para marcar el adiós definitivo.

Quizás aquello no era necesario. Pero ella se sintió perdida. El extrañar era algo abstracto hasta ese entonces. Por eso tuvo que encontrar la mejor manera para olvidarlo. 

Recurrió a todas las posibilidades que conocía. Salió, conoció gente, se dejó llevar. Pero al final se sentía vacía y eso le dolía. A veces despertaba junto a otros hombres rezando que fueran él, pero él ya la había dejado. Angustiada no podía enfrentar ni su propio reflejo en el espejo. Le daba vergüenza, odio y hasta lástima. No lo superaba.

Pero ese mensaje fue irresistible. Fue como el agua luego de caminar sola durante días en el desierto. Fue como la mano que necesitaba sobre su hombro. Fue el momento que quería volver a vivir. Fueron, tal vez, las palabras que más quería leer. Sin embargo no supo qué responderle. 
Ella moría por verlo, decirle que sí, lanzarse a sus brazos pero estaba llena de dudas y de renconres. No quería caer de nuevo ante la incertidumbre. Escribió y borró durante horas la respuesta. Buscó la mejor forma para que él se diera cuenta todo el amor que ella le tenía, pero no encontraba las palabras adecuadas y sutiles para no salir lastimada. 

Dio tantas vueltas que finalmente se quedó dormida.
Nunca contestó el mensaje y tampoco volvió a recibir otro.