Aunque ya no estaba más con él, la escuchaba.
No importaba quien estuviera a su lado, ni que hubiera sucedido la noche anterior, él la escuchaba.
Sus palabras bendecían sus mañanas. Su música no le gustaba, él mentía, decía que le agradaba. Pero no, el folklore nunca le gusto, él sólo quería oír su voz.
En algún momento, todos dejan una marca en la otra persona. Bueno o malo, algo queda y, esta no fue la excepción. En él quedó mucho más que el recuerdo de un simple amor.
Ella tenía un problema, o tal vez unos cuantos, pero uno resaltaba entre los demás y por eso se había terminado aquella relación.
Mientras tanto, en silencio, a su lado iba otra persona. Otra, otra de las tantas, otra del montón, que no tenía idea de quién era esa voz. Aunque, quizás, de saberlo la hubiera sepultado con un ruido mayor. En cambio, prefirió guardar silencio y mirar para otro lado. Mirar para afuera; ver las calles, las casas, los edificios, la gente, dejar pasar cuadras y semáforos cambiar una y otra vez de color. Sólo dejó recorrer por su cuerpo ese escalofrío, propio pero ajeno, que la ubicó en un lugar distinto del que hubiera prefería ocupar.
¿Qué la diferenciaba de ella? siempre se preguntó. Aunque, en el fondo lo sabía. En su interior resonaba esa palabra que no quería salir a flote o -mejor dicho- que no dejaba. Esa palabra dolía y cada vez que se la pronuncia algo se desvanecía alrededor. Sin embargo, para no olvidar que existía se la tatuó estratégicamente en un lugar donde no pudiera verla pero al que pudiera ir a buscarla cada vez que necesitara saber que aún existe.
Esta otra nunca se atrevió a pedirle que se quedera una noche más. Menos aún, que cambiara el dial.
sábado, 21 de junio de 2014
sábado, 8 de marzo de 2014
Nada dura para siempre
Escuchar el galopar de un caballo por la ciudad es extraño. Sus patas contra el piso generaban un sonido intenso que se expandía y golpea contra las paredes de los edificios como queriendo meterse. Pero las torres de concreto lo rechazaban y lo devolvían a la calle con un eco envolvente como si entendieran que no pertenecía a esta época.
Esos pasos los despertaron y por un momento se sintieron en otro lugar, distante y lejano a las calles porteñas.
Sin abrir los ojos, ella respiró profundo; olió el perfume y sintió el peso de un brazo que le rodeaba el abdomen. El café recién hecho y su sonrisa hicieron que esa mañana tuviera una mezcla perfecta.
Él se fue. Sin tomar ni siquiera una taza y dejando incumplidas todas las propuestas que le hizo durante la noche.
Solo dejó su aroma atesorado en la almohada pero, al cabo de un tiempo, también se esfumó
viernes, 4 de octubre de 2013
En el río
Antes de entrar a la clínica, él iba al río.
La lloraba con desconsuelo aunque aún su corazón latía.
Volvía a su lado con ojos hinchados y el deshago en el bolsillo.
Esa noche fría el río estaba calmado, como si supiera lo que iba a pasar.
Ella
respiraba lento, temblorosa y lejana.
A su
alrededor el silencio hacía eco y se desvanecía sin prisa.
Lo minutos
eran segundos. El recuerdo de su sonrisa se le volvía a imprimir en la mente.
Tantos
momentos irrecuperables que se convertían en algo desconocido que le daba mucho
miedo olvidar o perder. Trataba de aferrarse a ellos con fuerza interna que producía un rosado en sus mejillas.
Hacía meses que vagaba por los hospitales.
Las habitaciones, los médicos y las enfermeras se volvían tan comunes como familiares.
Ellos fueron testigos de su unión para siempre. Del amor eterno que en forma de circulo ambos pusieron al rededor de uno de los dedos de sus manos.
Se fue sin despedirse. De un momento a otro.
Sin decirle adiós, sin abrir los ojos, sin dejarlo poder darle un último beso.
El dolor lo
golpeaba dentro y se volvía un fuego que quemaba.
Una desesperación, una
impotencia incontrolable.
Volvió a acercarse a la orilla del río.
Nombrándola a los gritos tiró sus cenizas al viento.
Ya no tenía
fuerzas y no le encontraba sentido a las cosas.
Su peor temor se hacía realidad: sin ella no sabía como seguir.
Le reclamaba, a quien fuera que
estuviera escuchando, que debería haber sido él y no ella el primero en partir.
Joven pero
viejo, el dolor le sumó unos cuantos años a su cuerpo debilitado, flaco y enblanquecido.
Ahora deja
pasar las horas acostado en un rincón de la cama.
Añorando su presencia, mirando el lado vacío.
Añorando su presencia, mirando el lado vacío.
![]() |
| En el río descansa en paz. |
jueves, 3 de octubre de 2013
Soñado bajito
No sé que los juntó.Tampoco sé que los separó.
Las cuestiones del destino son indescifrables.
Lo pasaron bien; fue intenso; fue inolvidable.
No llegó a enamorarse, si es que alguna vez lo experimentó.
Pero algo cambió, quizás algo en ella mejoró.
El olor era otro. El color era distinto.
Su sonrisa era profunda. Su alegría tangible.
Probó la felicidad en pequeñas gotas y se conformó.
En el movimiento de las sábanas se perdió.
Nunca más llamó.
No lo sufrió y tampoco lo lamentó.
La pasó bien, en el fondo algo cambió.
Quizás así fue mejor.
Cada tanto lo recordaba en sueños.
En un tono bajito, para que nadie se entere
sobre el amor que no se dio...
martes, 3 de julio de 2012
Tomar una decisión
En medio de
la disyuntiva, la locura, el espanto, la noche oscura y el reloj que marcaba cada
minuto con un ruido particular. Un sonido bajito pero que retumbaba en el
vacío, en la nada, en su cabeza en blanco.
En medio de
la soledad, algo que había elegido y que no lamentaba. El hecho de decidir se
estaba volviendo algo abstracto. La llamada fue justa y el momento el más
oportuno. Del otro lado la voz, la voz que tanto quería y que con tanto cariño
esperaba escuchar de vez en cuando. La voz de una de las personas más sensatas que conocía, se le volvió opaca cuando le contó que lo tenía todo, pero que
extrañaba y quería dejarlo por volver pero le costaba tomar la “decisión”.
Ella, que de este lado no tiene nada, que luchaba por cada moneda y que en los últimos días se los había pasado mendigando trabajo, se dio cuenta que su única atadura era a esa puta ruleta rusa de las oportunidades.
Ella, que de este lado no tiene nada, que luchaba por cada moneda y que en los últimos días se los había pasado mendigando trabajo, se dio cuenta que su única atadura era a esa puta ruleta rusa de las oportunidades.
El miedo a
alejarse, el miedo a perder lo poco que consiguió en años de esfuerzo y entrega
“todo el amor que le diste no te devolvió nada”, comentó aquella voz, y pegó
fuerte. En su interior se apagó el fuego, palabras ciertas; profundas; hirientes. Fue el último disparo que necesitaba para reflexionar que a cambio tanta dedicación y sacrificio no
había recibido ninguna migaja de gratitud ni esperanza, ni un mimo, solo cachetadas cada vez más fuertes y difíciles de revertir.
Toda su vida quiso vivir lejos, de pequeña era solo un sueño, algo irreal, incumplible… pero ahora, había tomado conciencia que ese sueño era su “decisión” y que aparejada traía un peligro incierto.
Peligro, una palabra poco feliz cuando la idea es mejorar la vida y arriesgarse a un nuevo rumbo. Cuántas historias parecidas, cuánta gente que se la jugó y logró su anhelo o al menos su libertad.
Toda su vida quiso vivir lejos, de pequeña era solo un sueño, algo irreal, incumplible… pero ahora, había tomado conciencia que ese sueño era su “decisión” y que aparejada traía un peligro incierto.
Peligro, una palabra poco feliz cuando la idea es mejorar la vida y arriesgarse a un nuevo rumbo. Cuántas historias parecidas, cuánta gente que se la jugó y logró su anhelo o al menos su libertad.
Pero ¿qué
es la liberad? Acaso será eso que te ata a tener que escapar para descubrir que
realmente te gusta hacer lo que haces. Entonces no es libertad: es castigo, es
frustración, desilusión y no lleva a la felicidad sino al desdén de una amargura
difícil de combatir.
Tristeza
infinita al abandonar lo que un día fue un sueño, pero la vida no depende de
uno mismo. Quizás armar las valijas y emprender un nuevo viaje sea tan doloroso
como quedarse y no lograr progresar ni cumplir las propias metas.
¡Qué ganas
de volver a ver la vida desde los ojos de un niño!, donde todo es mayúsculo,
enorme, magnánimo. No solo porque son pequeños en altura sino porque no lo
comprenden. Quizás esas quimeras de la niñez son las utopías de la vida y cuando
uno crece debe toparse con ellas y tomar un camino en el que se puede acertar o
equivocarse. ¿Cuántas veces está
permitido equivocarse? ¿Una, dos o mil veces? Nadie lo sabe, pero lo más probable es que la respuesta sea que
con el paso de los años esos errores, esas equivocaciones, se acentúan más, se
hagan más profundas, duelan y se conviertan en heridas abiertas.
Entonces, ¿uno
debe arrepentirse de lo que hace o de lo que deja de hacer?¿Cuál es el momento
justo para jugárselas y arriesgarlo todo? Nadie puede responder esto, nadie que
no tenga el valor de ver la vida como una cadena de oportunidades. Nadie que no
busque la armonía de sus sueños.
sábado, 1 de octubre de 2011
Refugio en el tiempo
Una lágrima se iba tras la otra, como queriendo jugar una carrera. La primera se adelantaba, llegaba más rápido al piso y la otra se quedaba a mitad de camino…
El dolor era fuerte, pero ya se había sentido alguna vez. ¿Qué no sabía lo que era estar sola? Lo sabía de maravillas, pero no lo experimentaba a menudo.
Se dio cuenta que los días eran una cuestión del paso de las horas, tarde o temprano, la noche volvería a llegar y habría que acostarse, dormir y esperar al que sigue…
Se dio cuenta que los días eran una cuestión del paso de las horas, tarde o temprano, la noche volvería a llegar y habría que acostarse, dormir y esperar al que sigue…
La vida se comenzó a tornar sólo en eso: una terrible espera, una espera del tiempo. Una espera a la que se estaba acostumbrando, pero que a sabiendas en algún momento finalizaría.
Cada vagón de tren que se acercaba, cada paso que se sentía, cada uno de los ruidos de la puerta del ascensor podrían ser lo que esperaba.. pero las horas pasaban y el vacío se hacía cada vez más profundo.
Ya tenía su propio refugio, lugar que siempre había añorado, lugar que siempre había buscado, lugar en el que nunca se imaginó que podría sufrir tanto. El silencio como único compañero, contenía su respiración y la dejaba oír el lento latir de su lastimado corazón.
Sin embargo, en ese lugar descubrió que las tormentas no son solo de agua y arena…
miércoles, 21 de septiembre de 2011
Reflexión en el taxi
El taxista le dijo: pero, ¿qué es lo que querés del hombre que está a tu lado? Y ella no supo que contestar.
La charla venía de más largo, el conductor había escuchado una especie de “pelea”, o lo que ella llamaba: “una de sus típicas charlas”. En estas él solía acusarla de haber estado con otro hombre, de haber agregado a otro tipo al Facebook y demás disparates.
La charla venía de más largo, el conductor había escuchado una especie de “pelea”, o lo que ella llamaba: “una de sus típicas charlas”. En estas él solía acusarla de haber estado con otro hombre, de haber agregado a otro tipo al Facebook y demás disparates.
El tema es que el conductor del taxi, un hombre en sus cincuenta y tantos años, logró dejarla por primera vez en su vida sin palabra alguna, sin respuesta.
“¿Qué quiero?” se preguntó por dentro. No sabía…Entonces, finalmente pensó: “¿qué estoy haciendo?”
Una semana después, él seguía excusándose, ella ya no.
El taxista la dejó en la puerta de su casa, ella se bajó y el tipo siguió con el cartel de "libre" en la búsqueda de un nuevo pasajero. Ella decidió copiarlo y colgarse también aquel cartel esa misma noche.
sábado, 6 de agosto de 2011
El presente del pasado
¿Y si tan sólo fuéramos nosotros dos? Sin nada más, sin nadie más, sin pasado, sin teléfonos, sin mails ni redes sociales; con el presente y un mismo futuro ¡si sólo fuera eso!
Que difícil confiar cuando te han traicionado tantas veces, que difícil hacerle entender a la otra persona que ya no se vale del simple refrán “ojos que no ven….” Que por más fuerte que seas por dentro estas hecha trizas, que duele, que ya no se siente de la misma manera.
Que del dolor se aprende y, lamentablemente, no en el buen sentido: ese dolor te aísla, te separa, te traba, te condiciona, te frena.
Le pidió que la esperara. Luego, le pidió que no le mienta. Ya era tarde, esa era la base de su relación.
miércoles, 24 de marzo de 2010
La tormenta
Le tenía mucho miedo a la tormenta y pronto se largaría a llover, estaba anunciado. Como de costumbre no llevaba un paraguas ya que la lluvia siempre comenzaba cuando ella cerraba la puerta y quedaba protegida dentro de su casa.
Pero esa vez se equivocó. La puerta se cerró en sentido contrario y la tormenta se desató dentro. El agua inundó el lugar rápidamente, casi en segundos todo comenzó a sentirse húmedo, pesado; insostenible.
Las gotas volaban de un lado al otro, como fuertes relámpagos que caen sin motivo y sin explicación. Todo se tornó tan delirante que hasta la mínima excusa sonaba a mentira.
Quizás las filtraciones que venían teniendo permitieron que se desatara tal diluvio. Quizás, todo fue por no sanar a tiempo o por necesitar más tiempo para sanar. Lo cierto es que el daño ya estaba hecho y ahora, aunque sequé, siempre quedará el rastro del temporal.
¿Volverá a llover? Sólo dios lo sabrá, por lo pronto con angustia habrá que empezar a buscar un trapo y, si se puede, secar. Aunque sabe muy bien que existen otros horizontes secos, despejados y distantes.
Pero esa vez se equivocó. La puerta se cerró en sentido contrario y la tormenta se desató dentro. El agua inundó el lugar rápidamente, casi en segundos todo comenzó a sentirse húmedo, pesado; insostenible.
Las gotas volaban de un lado al otro, como fuertes relámpagos que caen sin motivo y sin explicación. Todo se tornó tan delirante que hasta la mínima excusa sonaba a mentira.
Quizás las filtraciones que venían teniendo permitieron que se desatara tal diluvio. Quizás, todo fue por no sanar a tiempo o por necesitar más tiempo para sanar. Lo cierto es que el daño ya estaba hecho y ahora, aunque sequé, siempre quedará el rastro del temporal.
¿Volverá a llover? Sólo dios lo sabrá, por lo pronto con angustia habrá que empezar a buscar un trapo y, si se puede, secar. Aunque sabe muy bien que existen otros horizontes secos, despejados y distantes.
domingo, 13 de diciembre de 2009
hoy, duele...
Como duelen los cachetazos inesperados que te da la vida.
y, duele más aún cuando algo que no querías ver se vuelve realidad...
"Como duele, ese vacío tan grande en el pecho, ese dolor que parece ahogarnos, esa tristeza tan profunda que hace de nuestros días momentos grises, y por supuesto esas lágrimas que son la constancia de algo tan impredecible"...
y, duele más aún cuando algo que no querías ver se vuelve realidad...
"Como duele, ese vacío tan grande en el pecho, ese dolor que parece ahogarnos, esa tristeza tan profunda que hace de nuestros días momentos grises, y por supuesto esas lágrimas que son la constancia de algo tan impredecible"...
domingo, 26 de julio de 2009
Como
Como un giro de una rueda, como una vuelta que uno no se espera, como una teoría que se desarma sola en un papel al no obtener respuestas.
Como la locura que desprende del alma de un profeta. Como una mano que se desgarra ante un fuerte golpe. Como un dolor en el pecho que oprime la respiración.
Como una noche vacía y fría, como una mirada perdida, como una pelea sin razón.
Como con tanta facilidad para decir "adiós" y que no se le desgarre el corazón.
Como un ruido que nadie escucha, como un silencio en medio de la nada.
Como una llama en medio del agua, como un solitario en busca de algún amor.
Como la vida sin sentido, como aquella mancha amarilla perdiéndose en la pared, como una noche por delante.
Como una bar medio vacío, como un sentimiento perdido.
Como un pucho a la mitad, como la vida que se va. Como las palabras en tu boca, como la despreocupación de tu guardarropas.
Como estas lágrimas que se desparraman, como este "hasta siempre" que se marcha.
Como la locura que desprende del alma de un profeta. Como una mano que se desgarra ante un fuerte golpe. Como un dolor en el pecho que oprime la respiración.Como una noche vacía y fría, como una mirada perdida, como una pelea sin razón.
Como con tanta facilidad para decir "adiós" y que no se le desgarre el corazón.
Como un ruido que nadie escucha, como un silencio en medio de la nada.
Como una llama en medio del agua, como un solitario en busca de algún amor.
Como la vida sin sentido, como aquella mancha amarilla perdiéndose en la pared, como una noche por delante.
Como una bar medio vacío, como un sentimiento perdido.
Como un pucho a la mitad, como la vida que se va. Como las palabras en tu boca, como la despreocupación de tu guardarropas.
Como estas lágrimas que se desparraman, como este "hasta siempre" que se marcha.
viernes, 24 de abril de 2009
Tiempos indecisos

La noche se iba yendo en horas.
La espera comenzaba a hacerse insoportable.
Aquel mensaje no llegaba y, no tenía muchas ganas de hacerlo.
Preparada como para matar, anunciando a los cuatro vientos un encuentro que se frustraría en tan sólo un momento.
Se encuentra en la encrucijada más grande en el momento más raro...
¿Qué hacer?, ¿qué pensar?, ¿dónde ir? ya no hay brazos que la abrazaran, ya no hay ninguna respuesta, ya no están los que solían estar a su lado.
Está sola, piensa y una copa de vino la lleva a sus más tristes recuerdos.
La noche se va entre el frío que cubre la ciudad,
quizás la suerte jugó una carta, pero está en otra mesa.
Hoy sólo te espera ese insomnio revelador
que te muestra que decir palabras importantes
llevan aparejados momentos de tristeza.
Arriesgar es parte del juego.
Aquel juego donde no sólo el ancho de espada es el ganador.
El miedo a perder puede hacer que equivoquemos, pero sólo hay que aprender a dar la carta correcta, la palabra exacta en el momento indicado.
Nunca es tarde, pero tampoco nunca es temprano....



